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La hora del Clamor

Miércoles, 24 de febrero de 2010

Todos sabemos que ahí estás…

Espectante…Seguramente preocupado… una brutal lucha entre el libre albedrío y la tristeza de vernos hacer lo que hacemos…

Tantas lluvias desatadas son la certeza para mí de tus lágrimas…

No querés otra Arca… no otra vez… o quizás ya no encontrás un Noe digno para construirla…

No querés otra Arca… no otra vez… o quizás ya no encontrás un Moisés para intentar una Alianza…

Ha llegado sin avergonzarnos la hora del Clamor…

Clamamos tu intervención inmediata… Si sólo no fueras tan perfecto y pudieses violar una sola ley por un instante…

¿De cuál libre albedrío podemos hablar cuando somos infantes pretensiosos y maldeducados que nos damos el gusto de devastar el regalo más hermoso que vino a dejarnos tu Hijo?

¿Te das cuenta Señor mío, que el Amor se extingue en el mundo?

¿Te das cuenta que no deseo este mundo para mi hijo y me desespera la perversidad de la Humanidad?

Seguro que si… pero igual clamo porque deseo que nos liberes de nosotros mismos!

Clamo a vos, mi único guía y esperanza en este valle de sombras iluminado de fantasías absurdas, este desierto de indiferencias, este calvario de mezquindades, este tiempo regido bajo los designios de principados y potestades impías.

Como aquel salmista repito aquellas palabras de clamor ante la opresión bestial de este tiempo que solo está dejando millones de cuerpos vacíos.

“Salmos, 143 1.
Señor, escucha mi oración, atiende a mis plegarias, respóndeme tú que eres fiel y justo.
No llames a juicio a tu siervo pues no hay quien sea justo en tu presencia.
El enemigo corre tras mi vida, me aplasta contra el suelo, y me manda de vuelta a las tinieblas junto a los muertos sin edad ni tiempo.
Mi espíritu en mí desfallece, mi corazón se asusta en mi interior.
Me acuerdo de los días de otro tiempo, medito en todas tus acciones, en la obra de tus manos reflexiono.
Alargo a ti mis manos, mi alma es una tierra sedienta de ti.
Apresúrate, Señor, en responderme, porque me estoy quedando sin resuello, no me escondas tu cara, que no sea de los que bajan a la fosa.
Hazme sentir tu amor desde la mañana, pues en ti yo confío; haz que sepa el camino que he de seguir, pues levanto a ti mi alma.
Líbrame, Señor, de mis enemigos, pues me escondí cerca de ti.
Enséñame a que haga tu voluntad ya que tú eres mi Dios; que tu buen espíritu me guíe por un terreno plano.
Por el honor de tu nombre, Señor, haz que yo viva, tú que eres justo, sácame del aprieto.
Por tu amor aniquila a mis contrarios, y destruye a mis opresores, pues yo soy tu servidor.”

Este clamor no es por mí, ni los que vivimos hoy… para nosotros la oportunidad ya se ha malogrado…

Este clamor es por nuestros niños…

Esos que no entienden cuando les hablan tanto de familia en los cultos… porque ya no existen prácticamente las familias…

Esos que no entienden cuando les hablan tanto de Amor en los cultos… porque ya no existe prácticamente el Amor…

Esos que son violados, explotados, hambreados y abusados por la misma sociedad que habla de derechos del niño, derechos igualitarios y toda esa parafernalia de mentiras que la humanidad se inventa para no sentirse culpable…

Clamo por ellos mi Señor… por mi hijos, por los hijos de todos… que en su inocencia… terminan siendo violentados día tras día por el vida misma que llevamos y les estamos dejando…

Sinceramente, he de clamar hasta llegada mi hora, me niego a legar esta basura sin al menos haber intentado desde mis acciones cambiar algo, pero como lo que logro cambiar es muy pequeño, he de poner mis energías en el clamor…

Ese mismo clamor que liberó alguna vez a todo un pueblo de la opresión…

“Exodo,3

7. Yavé dijo: «He visto la humillación de mi pueblo en Egipto, y he escuchado sus gritos cuando lo maltrataban sus mayordomos. Yo conozco sus sufrimientos,
8.    y por esta razón estoy bajando, para librarlo del poder de los egipcios y para hacerlo subir de aquí a un país grande y fértil, a una tierra que mana leche y miel, al territorio de los cananeos, de los heteos, de los amorreos, los fereceos, los jeveos y los jebuseos.
9.    El clamor de los hijos de Israel ha llegado hasta mí y he visto cómo los egipcios los oprimen.”